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Préstamos del BID durante la pandemia de la COVID-19: caso Bolivia
El mismo informe señala: «El país aún
no cuenta con información estadística a
nivel nacional, departamental y municipal
desagregada para pueblos indígenas,
tasas de mortalidad, aumento del riesgo
de infección, entre otros aspectos, lo
cual repercute en la falta de una política
pública en salud que prevenga y proteja
a los pueblos indígenas» (Defensoría del
Pueblo, 2020, pág. 2).
Algunas ONG han realizado procesos de
recolección de información de contagios
de COVID-19 en población indígena. Así,
el CIDOB, al 31 de mayo de 2020, informó
que «hay 57 indígenas con coronavirus,
20 fallecidos y 165 sospechosos, que
en su mayoría se concentran en áreas
urbanas» (Página Siete, 2020). El Informe
de la Defensoría cerrado al 19 de junio
del 2020 señala: «Existirían 64 casos
confirmados de indígenas en TIOC: 5
cayubabas, 14 guarayos, 17 yuquis, 17
guaraníes y 11 chiquitanos. Asimismo, ese
monitoreo devela la posibilidad de que
49 TIOC se encuentran amenazadas por
la presencia de casos de COVID-19 en
cercanías» (Defensoría del Pueblo, 2020,
pág. 2). Alerta de una «alta incidencia
de COVID-19 en los municipios de Villa
Tunari, Chimoré, Entre Ríos, Ivirgarzama
y Shinaota del trópico de Cochabamba,
y de Exaltación en el departamento de
Beni, lo cual repercute en un posible
riesgo de extinción física y cultural por
tratarse de pueblos en situación de alta
vulnerabilidad, en el primer caso el pueblo
yuqui, que cuenta con antecedentes de
tuberculosis y fibrosis pulmonar, y en el
segundo constituido por los cayubabas,
pueblo demográficamente reducido y con
procesos de aculturación» (Defensoría
del Pueblo, 2020, pág. 2).
El Observatorio de Derechos de los
Pueblos Indígenas de Bolivia (OPDIB), al
29 de enero de 2021, señala: «De acuerdo
a datos de la Coordinadora de las
Organizaciones Indígenas de la Cuenca
Amazónica (Coica), solo hasta octubre se
superaron los 70 000 casos confirmados
y 2000 decesos de indígenas en esta
región» (ODPIB, 2021).
En julio de 2020 la Central de Pueblos
Indígenas de La Paz (CPILAP), que
aglutina a los diez pueblos indígenas del
norte del departamento, se declaró en
emergencia ante la presencia de «casos
altamente sospechosos de coronavirus
entre los habitantes de los pueblos
indígenas Araona y Mosetenes, afiliado a
esta organización» (Correo del Sur, 2020).
Las restricciones en la cuarentena por
circulación, transporte, funcionamiento
de mercados y ferias ha afectado según,
la Defensoría, a los pueblos indígenas
Guaraní, Weenhayek, Tapieté, Yuqui,
Tacana, Uru del lago Poopó, Moseten,
Leco, Tsimane, Uchupiamonas, Ese Ejja y
Araona sobre todo en su medio de vida
y sustento económico. La Defensoría
señala: «Muchos de ellos no pudieron
cobrar bonos ni contar con el acceso
a canastas familiares por barreras
geográficas, económicas y hasta de
acceso a documentos de identidad,
existiendo una particular preocupación
por 1722 habitantes de las tierras
comunitarias de origen (TCO) Chacobo,
Pacahuara, Cavineños y Tacana Cavineños
del departamento» (Defensoría del
Pueblo, 2020, pág. 2). Estas limitaciones
también afectarían a grupos aimara y
quechuas con la producción de hortalizas
y verduras, con la producción de leche y
almendras.
Un informe de Caritas Bolivia sobre el
impacto de la COVID-19 en los Derechos
de los Pueblos Indígenas señala: «La
información emitida por el Gobierno
boliviano sobre los efectos de COVID-19
en los pueblos indígenas no se refleja. Los
pueblos indígenas carecen de acceso a
servicios de salud, servicios básicos como
el agua, a medios de comunicación y, por
tanto, a campañas de información sobre
la COVID-19 y sus formas de prevención
en sus propios idiomas originarios. Se
debió realizar acción previa de consulta
a los pueblos indígenas analizando su
realidad y sus necesidades del lugar, de
modo que fueron los mismos comunarios
quienes decidieran qué alimentos,
insumos de higiene y bioseguridad eran
prioritarios para ser otorgados a través de
la ayuda humanitaria.