55 Préstamos del BID durante la pandemia de la COVID-19: caso Bolivia 3 CONCLUSIONES 1. En plena crisis es prácticamente imposible atender todos los aspectos de una emergencia, sucede en cualquier suceso de magnitud; sin embargo, esta pandemia ha demostrado que no existía la mínima previsión de lo que se podría necesitar como respuesta —en particular para atender a ciertos grupos— y lo que se hizo fue ir «salvando circunstancias». 2. El mundo en general se enfrenta a una situación novedosa y dinámica en la que el aprendizaje ha significado una serie de errores que ha afectado en mayor medida a la población más vulnerable de cada país; el caso de Bolivia tiene particularidades asociadas a otras crisis. La crisis política tiene una historia de larga data, caracterizada por la continuidad gubernamental de una organización política en la cual no se atendió la cuestión de salud, del medio ambiente ni de las necesidades de la población indígena. La crisis también tiene un antecedente cercano por la suspensión de un proceso electoral por denuncia de fraude, que desencadena una marcada fragilidad institucional y una confrontación entre el Ejecutivo y el Legislativo —de mayoría opositora— impidiendo el desarrollo de estrategias para contener la pandemia, entre las que se encontraban la aprobación de créditos de la CAF, el BID y el BM. 3. Lamentablemente, se percibe que el tratamiento de la crisis sanitaria de COVID-19 es similar al tratamiento de otras crisis, cualquiera fuere (terremoto, quema de bosques, inundación, huracán, etc.). Al momento que se realiza la declaración del desastre se flexibilizan normas y procedimientos y, posteriormente, surgen denuncias de prácticas cuestionables, de hechos de corrupción y de escasez de transparencia. La más afectada siempre es la sociedad civil que, además de no beneficiarse de los recursos destinados, tiene que asumir las consecuencias de los créditos o del mal uso de los recursos. Esta situación se repite a nivel local, nacional e internacional.

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