Para muchos la pandemia pasará a la historia socioeconómica de Bolivia como el hecho que
marcó un cambio de ciclo económico (PNUD Bolivia, 2020); afectará en la distribución del
ingreso, vulnerabilidad al empleo y elevación de la tasa de desempleo, informalidad y
seguridad social.
El BID advirtió que la pandemia ha supuesto para Bolivia una serie de shock simultáneos como
el sanitario, externo5, doméstico6, de oferta y de demanda “…de un impacto que nunca antes
se había tenido en la historia de Bolivia y cuyas consecuencias exceden la aguda contradicción
económica estimada para el 2020” (BID, 2020 b, pág. 6)
Situación Social
La crisis económica y sanitaria asociada a la pandemia del COVID-19 tiene el potencial de
profundizar las brechas de oportunidades existentes debido a la falta de un monitoreo de las
mismas y la no focalización de intervenciones y políticas públicas hacia los más vulnerables
(BID, 2020 c).
Como antecedente, el nuevo siglo entre el 2000 y el 2014 en América Latina estuvo
acompañado
de la disminución precipitada de la pobreza y de la desigualdad. La pobreza
extrema se reduce en 57.8% y consiguientemente el índice de Gini desciende de 0.572 en el
2000 a 0.514 en el 2014. Pero estos avances no se han repartido de manera equitativa, pues
todos los países de América Latina, a excepción de Uruguay están entre los 50 países con
mayor desigualdad en el mundo, “…un factor determinante es la diferenciación étnica y racial
en
términos de acumulación capital humano e ingresos, lo cual afecta en forma
particularmente negativa a los pueblos indígenas y afrodescendientes” (BID, 2019, pág. 2).
Las brechas étnico-raciales se evidencian también en materia de salud y educación; en una
nota de orientación al Sistema de Naciones Unidas (NNUU, 2020) se advirtió que la falta de
reconocimiento de millones de personas pertenecientes a pueblos indígenas resulta en su
invisibilidad en términos de identificación, estadísticas y, en consecuencia, en el acceso a
servicios públicos y medidas económicas compensatorias.
Todos los datos muestran que la pobreza, la desigualdad y el desempleo avanzaron a un ritmo
sin precedente en la región desde que se declaró el primer caso del nuevo Coronavirus.
En el caso de Bolivia -país con una población estimada total de 11.677.406 habitantes para el
2021 según el Instituto Nacional de Estadística (INE) la crisis sanitaria provocada por la
COVID-19 sumió a la economía en una recesión que afectó de modo significativo a los más
vulnerables, entre ellos los indígenas sin importar el lugar donde se encuentren. El 43.7% de la
población indígena, vive en centros urbanos, y en muchos casos en situaciones de pobreza,
marginación y exclusión social; aspecto que se acentúa por los movimientos migratorios”.
(Defensoría del Pueblo, 2020, pág. 1)
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El shock externo se observa en el comercio internacional y en la caída abrupta en precios y volúmenes de los
productos primarios, dada la alta concentración de estos productos en la canasta exportadora del país. Los menores
precios del petróleo implican para Bolivia un deterioro en sus términos de intercambio, con un impacto negativo en
la balanza comercial.
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En lo referido a lo doméstico, Bolivia ya se encontraba en un periodo de desaceleración antes de entrar a la
pandemia. El ciclo económico del país exhibe una alta correlación con el precio del petróleo. Con el fin del ciclo de
auge de las materias primas a partir de 2014, las tasas de crecimiento se ubicaron por debajo, creciendo en
promedio un 4% en el periodo de 2014-19 (BID, 2020 a)
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