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Préstamos del BID durante la pandemia de la COVID-19: caso Bolivia
4.
La cartera de los bancos multilaterales en Bolivia estuvo y está básicamente
orientada a sectores relacionados con infraestructura (carreteras, construcción
de hospitales, represas y otros). La preferencia por infraestructura es compartida
tanto por los gobiernos como por las agencias. En el caso de las multilaterales por
el volumen de la operación que genera ampliación de cartera con menos gastos
operativos o administrativos. Por el lado de los «prestatarios», por la posibilidad
de corrupción o de manejos menos transparentes. Igual que con el tratamiento
de situaciones de emergencia por crisis requiere de la atención y vigilancia de
organizaciones de la sociedad civil, que también han sufrido un proceso de
desgaste en los años precedentes.
5.
El BID informó que aumentó el financiamiento, ajustó instrumentos de préstamo
y aceleró los procedimientos para ayudar a enfrentar la pandemia tanto para
la respuesta inmediata de salud como para apuntalar la recuperación. Sin
embargo, pese a los anuncios generados desde el BID en Washington respecto
a la aprobación de créditos en condiciones más expeditas, las dos operaciones
aprobadas en el Directorio no tuvieron su correlato en el país por los momentos
políticos. Ahora bien, esto pudo no significar perjuicio para los beneficiarios
en el caso del préstamo Apoyo a poblaciones vulnerables afectadas por la
COVID-19 debido a que el Gobierno realizó el pago de bonos y facturas de luz
con recursos del TGN en el momento que se anunciaron y el documento de la
operación de préstamo especifica que «el prestatario podrá solicitar desembolsos
en la modalidad de reembolso de gastos cuando haya realizado transferencias
elegibles con recursos propios». Es decir, cuando el BID desembolsó los recursos
el Gobierno tuvo flexibilidad para nuevos gastos no necesariamente asociados.
6.
Debido a la naturaleza de los beneficios que el Gobierno tanto el de transición
como el que está en ejercicio, durante el 2020, estableció como prioridad para
los proyectos aprobados por el BID —sobre todo los bonos—, no es posible tener
data confiable respecto al número de beneficiarios y las condiciones de pobreza
en la que se encontraban. La pretendida universalidad encubre datos sobre los
sectores más vulnerables. Tampoco se ha establecido cuánta gente que debió
cobrar no lo hizo o quiénes no debían cobrar y lo hicieron. En esta materia, falta
todavía encarar la eficiencia de los sistemas de información, la actualización de los
datos y la transparencia de estos.
7.
Los proyectos en etapa de preparación y operación del BID, como los de toda la
banca multilateral, se enfrentaron a una gran cantidad de dificultades por medidas
relacionadas con el aislamiento y la cuarentena, cierre de fronteras, cierres
de departamentos y municipios en el interior del país. Como consecuencia, la
imposibilidad de continuar con la ejecución, que implicó cambios circunstanciales
para los ejecutores y beneficiarios, también significó pausas en el cumplimiento de
los planes de seguimiento y monitoreo a temas ambientales y sociales. La propia
organización pidió el repliegue de todos sus funcionarios a la modalidad de trabajo
en casa desde marzo de 2020.
8.
La máxima prioridad de los gobiernos —incluido el de Bolivia— fue frenar el avance
del virus y reducir la tasa de infección mediante iniciativas que debían reforzar los
sistemas de salud públicos y adoptar medidas de respuesta socioeconómica. En
ese contexto, temas como la protección del medioambiente y de los derechos de
la población indígena no fueron parte de la agenda de prioridades.