12. La banca multilateral, como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco
Mundial, deberán contribuir en la reactivación económica de Bolivia para encarar la crisis y en
la mitigación de los efectos que está dejando la pandemia. Esta reactivación se realizará -entre
otros- a través del impulso a proyectos de infraestructura. Existe un desafío muy importante
pues el país, gobierno y sociedad civil, están ante el reto aprobar y apoyar proyectos que
impulsen la reactivación sin aumentar el impacto ambiental y social. Esto significa cumplir
normas locales pero también de las organizaciones. El propio BID viene informando desde
hace años los problemas que enfrenta al interior de la organización y con los gobiernos de
contraparte para cumplir con la normativa social y ambiental.
No se puede olvidar que esta organización está en un proceso de transformación interna con
el cambio de sus máximos ejecutivos y la aprobación -como resultado de largos procesos- de
políticas que podrían beneficiar al sector. Su cumplimiento e implementación puede ser
demorado como producto de la propia burocracia interna.
El BID afirma cumplir la norma, su norma y la del país; y bajo ese mecanismo aprobaría los
proyectos. Ese cumplimiento puede no significar un real compromiso ni de la institución ni de
cada uno de sus funcionarios con los temas medioambientales y sociales, debido a que estos
suelen retrasar aprobaciones, ejecuciones o desembolsos. No olvidemos la banca multilateral,
sigue siendo siempre Banca. No necesariamente las metas financieras -que en definitiva son los
negocios
del Banco- soportan los temas sociales y ambientales. Un seguimiento al accionar
interno del Banco a través de mayor acceso a la información de esos procesos, podría generar
presión y otro comportamiento.
13. La banca multilateral y la ayuda para el desarrollo en general actúa en el país, bajo un nivel
marcado de subordinación al “prestatario”, lamentablemente entendido solo como el
circunstancial gobierno nacional respectivo, en desmedro de la población en su conjunto. La
“colocación“ de créditos para la ampliación de la cartera se prioriza tanto por las facilidades
que significa la contratación como la visibilidad de los resultados. Un hospital o una carretera
se ven, una reforma de política no. Por ello, es necesario fortalecer los mecanismos de consulta
y de acción de la sociedad civil, como guardiana y vigilante de los procesos de ayuda para el
desarrollo.
Las medidas de apoyo financiero deberían condicionarse a la consecución de mejoras
ambientales a través de compromisos más firmes, por ejemplo seguimiento al cumplimiento de
agendas nacionales e internacionales al respecto, y una actuación más enérgica en sectores
altamente contaminantes como la minería en Bolivia.
En este momento, la lucha contra la corrupción se debe priorizar a la par que la respuesta
sanitaria. La emergencia requiere que la mitigación del riesgo de corrupción se incorpore en el
apoyo de los donantes para evitar mayores daños a la población beneficiaria en particular y al
país en general. Propuestas de políticas de protocolos de acción acordadas por IFDs frente a
situaciones de riesgos y de crisis atípicas como la vivida por la pandemia ayudarían a futuro.
14. En momentos de crisis cuando las prioridades están relacionadas a la atención a la
emergencia es altamente probable que se olvide el rol de la sociedad civil en los esfuerzos
contra la corrupción. Es necesario sistematizar y difundir el rol de OSC en los sistemas de salud
pública en otros países, regiones y crisis de salud, por ejemplo como en las funciones de
monitoreo y rendición de cuentas.
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